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Final alternativo de Blancanieves


Final alternativo de Blancanieves.




—Cinco minutos más —dijo Blancanieves cuando sintió el beso del príncipe.






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El carnaval del asteroide


El carnaval del asteroide.




Los medios de comunicación anunciaron que el asteroide pasaría a una distancia segura de la Tierra. No nos importó; o mejor dicho, nos importó casi tanto como las noticias sobre el puto calentamiento global. No es que quisiéramos burlarnos de la ciencia; a ver si nos entendemos: era carnaval, y eso significa que los que no estábamos completamente borrachos en las calles padecíamos horribles resacas en nuestros hogares.

Algo sabíamos sobre ese suceso, desde luego. Había estado en las noticias durante semanas. Era imposible encender el televisor y no ver a un astrónomo hablando sobre el tema hasta escupir espuma por la boca; pero incluso un tema tan importante como el posible fin del mundo, con el transcurso de las horas, pierde actualidad.

La última noche de los festejos coincidió con la órbita más cercana del asteroide. El cielo tenía un tinte verdoso, enfermizo, para nada el brillo enceguecedor que todos esperábamos. Las autoridades habían colocado cronómetros en las pantallas de las avenidas principales para que todo el mundo supiera el momento exacto en el que el asteroide estaba más cerca del planeta. Los más ensimismados se habían descargado una aplicación para evitar las aglomeraciones.

La cuenta regresiva empezó cerca de la medianoche.


...9...


Créame si le digo que todo el mundo, al menos en las calles, repetía al unísono cada número. Boludeces a las que uno concede estando en una multitud.


...8...


Mi plan era besar a Julieta en los instantes previos al apocalipsis, si es que los científicos estaban equivocados. ¿Buscar refugio? El asteroide tenía un diámetro de aproximadamente doscientos kilómetros.


...7...


Dígame usted dónde mierda se puede esconder uno de semejante cascote.


...6...


En esas circunstancias lo mejor que puede hacerse es entregarse a proyectos desesperados: cometer un asesinato, confesar una indiscreción, vengarse, besar a alguien; y no necesariamente en ese orden.


...5...


Julieta estaba preciosa esa noche. Miraba hacia el cielo con el ojos encendidos de ansiedad.


...4...


Sus manos apretaban dos manojos de papeles de colores. Los entregaban los organizadores del carnaval, supuestamente, para celebrar el paso del asteroide. ¿Se imagina usted una forma más ridícula de festejar?


...3...


Por otro lado, la situación me resultaba ampliamente favorable. Quiero decir, si besaba a Julieta e inmediatamente se producía el fin del mundo, perfecto. Si, en cambio, nada extraño sucedía en el cielo, el revoleo de papeles de colores disimularía la audacia del beso.


...2...


Tal vez olvidé mencionar que Julieta estaba casada con mi hermano. Detalles que uno frecuentemente olvida en un contexto semejante.


...1...


Con un certero botellazo en la nuca puse fuera de combate a mi hermano. Julieta no lo advirtió. Ya he dicho que estaba absorta en el cielo. Sus rodillas se flexionaron un poco, como para dar un salto glorioso al final de la cuenta regresiva. Sentí que su brazo se deslizaba entre mis dedos, como si flotara.


...¡CERO!...


Nadie sabe qué ocurrió exactamente. Ningún astrónomo lo aclaró por televisión. Solo sabemos que esa noche los papeles de colores lanzados al aire nunca regresaron.




Relatos de terror. I Egosofía: filosofía del Yo.


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Mi reclamo a los fabricantes de la Máquina de la Felicidad


Mi reclamo a los fabricantes de la Máquina de la Felicidad.




Estimado equipo de JAPI Inc.

Les escribo con motivo de un reclamo a propósito de su producto identificado bajo el número de serie 3845-F69, que en publicidades en medios televisivos, gráficos y virtuales, es llamado Máquina de la Felicidad. Adjunto información sustanciosa en el formulario de reclamos, más copia de garantía, para los encargados de evaluar el rendimiento del mencionado artefacto.


NOMBRE DE USUARIO: Gerardo Carella.

EDAD: 45 años. ESTADO CIVIL: soltero.

FECHA DE ADQUISICIÓN: 08-09-16

MOTIVO DE RECLAMO: error de diseño, estafa flagrante.

DESARROLLE A CONTINUACIÓN EL MOTIVO DE SU RECLAMO:

Me interesé por su producto tras ver un anuncio publicitario en una página web de citas veganas. Debo decir rápidamente que no suscribo a tal filosofía gastronómica, y que mi apetito fragua únicamente con carne vacuna, tirando a jugosa. La aclaración no es ociosa: soy un hombre fuerte, con una estructura ósea sólida y extremidades más largas que la media, de modo tal que puedo dar cuenta perfectamente del error de diseño en la Máquina de la Felicidad.

Luego de ver el anuncio publicitario, me informé en detalle sobre las características del producto. Según ustedes, la Máquina de la Felicidad no necesita ser recargada; su vida útil consta de unos diez años (promedio) y, una vez activada, no requiere de mantenimiento y/o actualizaciones periódicas de ninguna índole.

Aquí, precisamente, radica el motivo de mi reclamo.

Ustedes sostienen que la Máquina de la Felicidad puede ser activada de inmediato. La empresa aconseja que esto se realice en presencia de los empleados encargados del transporte, de modo tal que se pueda verificar cualquier falla en el aparato. En un mundo ideal esto sería lo más razonable, sin embargo, ustedes saben perfectamente bien que la Máquina de la Felicidad tiene dos metros de alto por tres de ancho, y que su embalaje atenta contra cualquier posibilidad de certificar adecuadamente su estado. De manera tal que hice lo que, supongo, han hecho la mayoría de sus consumidores: firmé el consentimiento de entrega sin retirar el aparato de su caja.

Me tomó exactamente treinta minutos desembalar la Máquina de la Felicidad. Tengo una o dos opiniones al respecto, pero me las reservo para una carta más detallada. Lo cierto es que, con mucho esfuerzo, logré instalar el aparato en el comedor, habida cuenta de que vivo solo y dispongo de mucho espacio libre.

Deduje que si la acción de sus ondas de felicitud se extienden en un radio de 12 metros (de acuerdo al manual de instrucciones), entonces ése era el lugar más indicado para ubicarla, ya que desde allí podía asegurarme la mejor cobertura WIFI en todo mi domicilio particular; aún en las dependencias sanitarias, las cuales frecuento a menudo debido a dolencias renales que no vienen al caso.

Excitado por su enorme potencial (cito publicidad: FELICIDAD SIN LÍMITES LAS 24 HORAS DEL DÍA), me dispuse a accionar el interruptor del artefacto. ¿El resultado? Nada. Absolutamente nada. Ni una mísera luz en el tablero de control.

Consulté nuevamente el manual de instrucciones y advertí, demasiado tarde, la estafa en la que infantilmente había caído.

Efectivamente, la Máquina de la Felicidad posee un solo botón de accionamiento primario, pero éste sirve únicamente para activar los circuitos eléctricos del artefacto. Para iniciar el software es necesario accionar una palanca ubicada en el otro extremo del aparato, precisamente al mismo tiempo en el que se presiona el botón primario.

Un error de diseño de tamaña envergadura anula cualquier presunción de inocencia. Ustedes sabrán entender la audacia de la siguiente afirmación, pero sin temor a represalias judiciales me atrevo a decir que su artilugio es una verdadera y absoluta estafa.

Un botón y una palanca que deben ser accionados exactamente al mismo tiempo, pero ubicados a una distancia de tres metros entre sí, solo puede significar que su Máquina de la Felicidad fue diseñada específicamente para ser encendida de a dos.


Atentamente, Gerardo Carella.




Egosofía: filosofía del Yo. I El lado oscuro del amor.


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Lo que nadie entendió sobre la Caja de Pandora


Lo que nadie entendió sobre la Caja de Pandora.




Ovidio, holgazán para las cronologías, explica que Pandora fue la primera mujer que existió. La creó Hefestos, por orden de Zeus; y, al igual que Eva, fue creada para ser la consorte de un hombre: Epimeteo.

Como regalo de bodas, Jehová prohíbe a Adán y Eva comer del árbol del conocimiento, obsequio que algunos comentaristas juzgan pretencioso. Zeus, por su parte, le regaló a Pandora y Epimeteo un pithos, especie de vasija ovalada, con instrucciones específicas de no abrirla jamás.

Ambos dioses —Zeus y Jehová— tomaron la precaución de dotar a la mujer con una gran curiosidad, los cual nos permite deducir que el pecado original fue fríamente calculado. Y así como Eva probó la manzana, es decir, transgredió una prohibición expresa de Dios, Pandora abrió la caja.

En la noche de bodas, inexplicablemente aburrida, Pandora abrió el obsequio que Zeus le había dado y todos los males concebidos antes del tiempo escaparon y se esparcieron por el mundo: hambre, enfermedad, muerte, odio, dolor.

El resto de la historia es tan conocida como falsa.

Cuando Pandora reaccionó, y finalmente logró cerrar la caja, lo último que alcanzó a salir fue Elpis, la esperanza. De este mito procede la expresión: lo último que se pierde es la esperanza; aunque su interpretación suele ser errónea.

Aquella idea de que la esperanza era lo último que había en la caja de Pandora es una invención trasnochada de Ovidio. Ni Homero ni Hesíodo suscriben esa opinión. De hecho, las versiones más antiguas del mito sostienen que la esperanza fue lo último en salir de la Caja de Pandora; ninguno que fuese lo último que había en su interior.

Este detalle, en apariencia, insignificante, transforma por completo el sentido del mito:

Si la esperanza fue lo último en salir antes de que la muchacha cerrara abruptamente la vasija, no lo último que había en la Caja de Pandora, entonces es justo razonar que la esperanza también fue forjada como un tormento.




Mitología comparada. I Seres fantásticos de la mitología.


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