«La alucinación de Staley Fleming»: Ambrose Bierce; relato y análisis


«La alucinación de Staley Fleming»: Ambrose Bierce; relato y análisis.




La alucinación de Staley Fleming (Staley Fleming's Hallucination) es un relato de terror del escritor norteamericano Ambrose Bierce (1842-1914), publicado originalmente en la edición de marzo de 1906 de la revista Cosmopolitan, y luego reeditado en la antología de 1910: ¿Pueden estas cosas existir? (Can Such Things Be?).

La alucinación de Staley Fleming, sin dudas uno de los grandes cuentos de Ambrose Bierce, relata la historia de un hombre perturbado, Staley Fleming, quien tras la misteriosa muerte de su amigo, Atwell Barton, tiene un aterrador sueño recurrente que se repite noche tras noche: un macizo perro terranova, negro como la noche, lo observa fíjamente a los pies de la cama.

Desesperado, Staley Fleming recurre a la ayuda de un médico —recurso muy empleado por Ambrose Bierce; por ejemplo, en: Un diagnóstico de muerte (A Diagnose of Death) y Una noche de verano (One Summer Night)—, quien se ofrece para monitorearlo durante la noche. Claramente, la aparición en sueños del perro (que coincide con la misma raza que poseía su amigo) representa un signo de remordimiento por la desaparición de Atwell Barton, en la que Staley Fleming claramente está implicado.

La alucinación de Staley Fleming es uno de los mejores relatos de terror de perros jamás escritos: uno que aparece en ese estado incierto entre la vigilia y el sueño, y cuya aparición recurrente no parece ser una alucinación después de todo, sino una fatal premonición.




La alucinación de Staley Fleming.
Staley Fleming's Hallucination, Ambrose Bierce (1842-1914)

De los dos sujetos que estaban conversando, uno era médico.

—Le solicité que viniera, doctor, aunque no creo que pueda hacer nada. Quizás pueda recomendarme un especialista en psicopatía. Creo que estoy loco.

-Sin embargo parece usted perfectamente cuerdo —contestó el médico.

—Tengo alucinaciones, doctor. Todas las noches me despierto y veo en la habitación, mirándome fijamente, un enorme perro negro, un Terranova, con una pata delantera de color blanco.

—Dice usted que despierta; ¿está seguro? Muchas veces las alucinaciones son sólo sueños.

—Despierto, doctor, de eso estoy seguro. A veces me quedo acostado mucho tiempo mirando al perro tan fijamente como él me mira a mí. Siempre dejo la luz encendida. Cuando no puedo soportarlo, me siento en la cama: entonces descubro que en realidad no hay nada la habitación.

—Curioso. ¿Qué expresión tiene el animal?

—Siniestra, o eso es lo que parece. Evidentemente sé que, salvo en el arte, el rostro de un animal en reposo tiene siempre la misma expresión. Pero este animal no es real. Los perros de Terranova tienen un aspecto muy amigable, como usted sabrá; ¿qué le pasará a éste?

—Realmente mi diagnóstico no tendría valor alguno: no voy a tratar al perro.

El médico se rió de su propia broma, pero sin dejar de observar al paciente con el rabillo del ojo. Después, dijo:

—La descripción que me ha dado del animal concuerda con la del perro del fallecido Atwell Barton.

Fleming se incorporó a medias en su asiento, pero volvió a sentarse e hizo un visible intento de mostrarse indiferente.

—Me acuerdo de Barton —dijo—. Creo que era… se informó que… ¿no hubo algo sospechoso en su muerte?

Mirando ahora directamente a los ojos de su paciente, el médico respondió:

—Hace tres años, el cuerpo de su viejo enemigo, Atwell Barton, se encontró en el bosque, cerca de su casa y también de la de usted. Fue acuchillado. No hubo detenciones porque no se encontró ninguna pista. Algunos teníamos nuestra propia teoría. Al menos yo tenía la mía. ¿Pensó usted alguna?

—¿Yo? Por Dios, ¿qué podía saber yo al respecto? Recordará que marché a Europa casi inmediatamente después, y volví mucho más tarde. No puede pensar que en las escasas semanas que han transcurrido desde mi regreso pudiera elaborar una teoría. En realidad, ni siquiera había pensado en el asunto. ¿Pero qué pasó con su perro?

—Fue el primero en encontrar el cuerpo. Murió de hambre sobre su tumba.

Desconocemos la ley inexorable que subyace bajo las coincidencias. Staley Fleming no, o quizás no se habría puesto de pie de un salto cuando el viento de la noche trajo por la ventana abierta el aullido prolongado y lastimero de un perro.

Recorrió varias veces la habitación bajo la mirada fija del médico, hasta que, parándose abruptamente delante de él, casi le gritó:

—¿Qué tiene que ver todo esto con mi problema, doctor Halderman? Se ha olvidado del motivo por el que lo hice venir.

El médico se levantó, puso una mano sobre el brazo del paciente y le dijo con amabilidad:

—Perdóneme. De buenas a primeras no podría diagnosticar su trastorno. Quizás mañana. Hágame el favor de acostarse dejando la puerta sin cerrar; yo pasaré la noche aquí, con sus libros. ¿Podrá llamarme sin levantarse de la cama?

—Sí, hay un timbre eléctrico.

—Perfecto. Si algo le inquieta, pulse el botón, pero sin incorporarse. Buenas noches.

Instalado cómodamente en un sillón, el médico se quedó mirando los carbones encendidos en la chimenea y meditando en profundidad, aunque aparentemente sin propósito, pues frecuentemente se levantaba y abría la puerta que daba a la escalera, escuchaba atentamente y después volvía a sentarse.

No obstante, acabó por quedarse dormido. Al despertar había pasado ya la medianoche. Removió las brasas, tomó un libro de la mesa que tenía a su lado y miró el título: Meditaciones, de Denneker. Lo abrió al azar y empezó a leer.


Esto fue ordenado por Dios: que toda carne tenga espíritu y adopte por tanto las facultades espirituales. También el espíritu tiene los poderes de la carne, aunque se salga de ésta y viva como algo independiente, como atestiguan muchos hechos atribuidos a los fantasmas y espíritus de los muertos. Hay quien dice que el hombre no es el único en esto, pues también los animales tienen la misma inducción maligna.


Una súbita conmoción interrumpió su lectura, como si un objeto pesado hubiera caído en algún lugar de la casa.

El médico soltó el libro, salió corriendo de la habitación y subió velozmente las escaleras que conducían al dormitorio del paciente. Intentó abrir la puerta pero, contrariando sus instrucciones, estaba cerrada por dentro. Empujó con el hombro con tal fuerza que ésta cedió. En el suelo, junto a la cama en desorden, vestido con su camisón, yacía Staley Fleming, moribundo.

El médico levantó la cabeza de éste del suelo y observó una herida en la garganta.

—Debería haber pensado en esto —dijo, suponiendo que se había suicidado.

Cuando el hombre murió, el examen detallado reveló las señales inequívocas de unos colmillos profundamente hundidos en la vena yugular. No se hallaron otras evidencias de un animal en el cuarto.


Ambrose Bierce (1842-1914)




Relatos góticos. I Relatos de Ambrose Bierce.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del cuento de Ambrose Bierce: La alucinación de Staley Fleming (Staley Fleming's Hallucination), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El lado nocturno de la naturaleza»: Catherine Crowe; libro y análisis


«El lado nocturno de la naturaleza»: Catherine Crowe; libro y análisis.




El lado nocturno de la naturaleza (The Night Side of Nature) es una colección de relatos de terror de la escritora inglesa Catherine Crowe (1803-1876), publicado en 1848.

La antología oscila entre la ficción y la crónica, narrando toda clase de relatos paranormales, sobrenaturales, así también como algunos cuentos de Catherine Crowe realmente destacados.

Podemos tomar El lado nocturno de la naturaleza como una auténtica rareza bibliográfica que se ocupa, en principio, de leyendas de terrorfantasmas, casas embrujadas, poltergeists, casos reales de posesión demoníaca, döpplegangers—, pero a través de una autora como Catherine Crowe, verdadero referente de la literatura gótica, quien le añade a esas historias escalofriantes un toque íntimo y personal.

En este sentido, El lado nocturno de la naturaleza es una obra única, quizá la primera en recopilar cientos de sucesos inexplicables, y cuyo objetivo principal, como el de muchos otros libros prohibidos de la época, es despertar el interés de la ciencia para profundizar en investigaciones que admitan, en principio, la posibilidad de que lo sobrenatural, después de todo, sea también parte de la naturaleza.




El lado nocturno de la naturaleza.
The Night Side of Nature, Catherine Crowe (1803-1876)
  • El crimen invisible (The Invisible Crime)
  • La casa de Camden Hill (The House of Camden Hill)
  • Poseídos por demonios (Possessed by Demons)
  • Advertencias (Warnings)
  • Apariciones (Apparitions)
  • Apariciones familiares (Apparitions Attached to Certain Families)
  • Apariciones que buscan la plegaria de los vivos (Apparitions seeking the Prayers of the Living)
  • Casas embrujadas (Haunted Houses)
  • Despertando y durmiento (Waking and Sleeping)
  • Dobles (Doubles)
  • Doppelgängers (Doppelgängers)
  • El futuro que nos espera (The Future that Awaits Us)
  • El poder de la voluntad (The Power of Will)
  • Espectros (Wraiths)
  • Espíritus perturbados (Troubled Spirits)
  • Fenómenos misceláneos (Miscellaneous Phenomena)
  • Los habitantes del templo (The Dwellers in the Temple)
  • Luces espectrales (Spectral Lights)
  • Poltergeist (The Poltergeist)
  • Posesión (Possession)
  • Presentimientos (Presentiments)
  • Sueños alegóricos (Allegorical Dreams)
  • Sueños compartidos (Double Dreaming)
  • Trance (Trance)




Libros prohibidos. I Libros de Catherine Crowe.


El análisis y resumen del libro de Catherine Crowe: El lado nocturno de la naturaleza (The Night Side of Nature), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Los Monstruos y lo Monstruoso: la equilibrada fórmula del Horror


Los Monstruos y lo Monstruoso: la equilibrada fórmula del Horror.




Los Monstruos —categoría en la cual inscribimos a los seres sobrenaturales (demonios, vampiros, fantasmas), naturales pero horrorosos (Xenomorfo), humanos con tendencias más bien homicidas (Norman Bates, Hannibal Lecter), revinientes (Michael Myers, Jason Voorhees)— no son una condición imprescindible para el Horror.

De hecho, no es el Monstruo un criterio que determine al género. Estas criaturas pueblan una gran cantidad de historias, desde cuentos de hadas a mitos, sin que siquiera rocen los límites del horror.

Los Monstruos, aún cuando evidencien una actitud hostil, no necesariamente se traducen en un relato de terror (literario o cinematográfico). Hay muchas historias con Monstruos en ellas que no sobresaltan a nadie, precisamente porque la única condición del género es lo Monstruoso.

Y lo único que distingue a los Monstruos de lo Monstruoso es la ACTITUD DE LOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA.

Dentro del género, todos los Monstruos entran en la categoría de lo Monstruoso, y eso se debe a que él o la protagonista toma una actitud de rechazo en relación a la criatura; la considera algo anormal, algo que perturba el orden natural de las cosas.

Por otro lado, muchos Monstruos en el cuento de hadas y en la mitología ni siquiera tantean lo Monstruoso.

¿Por qué?

Porque son parte de la realidad. Los protagonistas no se sorprenden de su existencia. Son, en resumen, parte del decorado de ese universo en particular.

Por ejemplo, la escena en la que Bilbo Bolsón —en El Hobbit (The Hobbit)— se encuentra con los Trolls en el bosque, no pertenece al género de terror. ¿Por qué? ¿Acaso los Trolls no están preparando un estofado para cocinar vivos a Bilbo y un par de Enanos de la Compañía?

En este caso, J.R.R. Tolkien no da señales de que esos Monstruos sean algo anormal. Los Trolls son parte de la fauna de la Tierra Media, como los tigres y los leones son parte de nuestro mundo, y si bien pueden actuar de forma violenta, y hasta decididamente cruel, no son una amenaza para orden natural.

Es decir, son Monstruos que no entran en la categoría de lo Monstruoso.

Con mucha astucia, J.R.R. Tolkien invirtió la ecuación en la saga de El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings), donde tanto los Trolls como los Orcos, los Dragones, los Nazgûl, incluso el propio Sauron y Morgoth, son seres antinaturales, degradados, que comenzaron siendo parte de lo natural pero que se inclinaron hacia el mal, dentro de esa mitología, una subversión o sombra del bien. Por eso resultan inquietantes y, en ciertos momentos de la trilogía, realmente aterradores.

En los ejemplos anteriores los Monstruos no cambian. Los Trolls son tan diabólicos en El Hobbit como en El Señor de los Anillos, pero SE PERCIBEN de manera diferente porque la ACTITUD de los protagonistas que se encuentran con ellos cambia radicalmente.

Es decir que un mismo perfil de Monstruo puede o no ser Monstruoso de acuerdo a la actitud que asuman los protagonistas.

En el universo de Marvel, una criatura como Hulk jamás podría producir miedo, justamente porque es uno más del grupo, un tanto inestable en términos de carácter, es cierto, pero aceptado por el resto. El mismo ser, con las mismas características pero dentro de otro contexto, se transforma en algo Monstruoso.

Podemos tomar prácticamente cualquier criatura mitológica y no encontrar una sola que pueda entrar en la categoría del horror, justamente porque ninguna de ellas es antinatural dentro de su contexto. Los seres mitológicos —claro está, dentro de los mitos— pertenecen a la cosmología que los produjo, es decir, a la realidad que los constituye.

Lo Monstruoso siempre rompe las normas ontológicas que los protagonistas presumen respecto de la realidad, y en consecuencia responden ante ellos con desagrado, rechazo, y miedo. En otras palabras, lo Monstruoso es siempre algo EXTRAORDINARIO, mientras que los Monstruos, dependiendo del contexto, pueden ser un aspecto ORDINARIO de la realidad.

De ahí que la apertura de este tipo de historias donde los Monstruos son algo común y corriente suele establecer una clara distancia entre nuestra realidad y la que plantea la historia. El: Érase una vez, por ejemplo, o el más actualizado: En una galaxia muy, muy lejana, tienen esa función.

Es decir que lo único que determina una diferencia entre los Monstruos y lo Monstruoso es la respuesta emocional de los protagonistas. Si esa respuesta es afectiva, son simplemente Monstruos, y siempre participarán de la realidad objetiva del universo que la historia desarrolle. Para que haya rechazo, el Monstruo debe ser Monstruoso, es decir, debe quebrar el orden de lo natural de acuerdo a la cosmovisión de los protagonistas.

Y para que el horror sea el verdadero protagonista, es decir, para que una historia ingrese dentro de los parámetros del género, las respuestas emotivas del lector o de la audiencia deben estar equilibradas con las que proyectan los protagonistas.

Si los personajes perciben al Monstruo como una violación a las leyes de la naturaleza, algo anormal, impuro, entonces actuarán de manera acorde tomando una actitud que refleje esas sensaciones. Entonces el Monstruo se transforma en algo Monstruoso, y el cuento de hadas (cósmico o preternatural) en una coqueta historia de terror.




Taller literario. I Cine de terror.


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El artículo: Los Monstruos y lo Monstruoso: la equilibrada fórmula del Horror fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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