Mitos celtas: cuál es tu árbol sagrado según tu signo


Mitos celtas: cuál es tu árbol sagrado según tu signo.




Dentro de los mitos celtas cada árbol es sagrado, independiemente de su especie; sin embargo, algunos de ellos se caracterizan por haber entablado una estrecha relación con los druidas y, en consecuencia, con la humanidad.

Del mismo modo en el que otros pueblos levantaron la mirada al cielo para trazar oscuras analogías con las estrellas, los celtas creyeron detectar ese destino, esos signos, esas características específicas, en el crecimiento y decaimiento de los árboles, en la flexibilidad de sus ramas, en la dulzura de sus frutos, en la exuberancia o en la discreción de su follaje.

El espíritu guardián de los árboles ocupa un rol predominante en la mitología celta, a tal punto que cada uno de los doce árboles sagrados se relaciona con un mes del año y las personas que han nacido bajo su signo.

A continuación detallamos los doce árboles correspondientes a cada mes del año, y, debajo de la lista, las características que, de acuerdo a los celtas, se transfieren a las personas nacidas bajo esas fechas.




Enero: Manzano (æpeltreow)

El Deseo es la característica más notoria del Manzano.

Otorga carisma, sensibilidad, imaginación y un temperamento un tanto enamoradizo e inseguro. Compañerismo, generosidad, y cierta tendencia a la coquetería, en ciertos casos, pero también a una despreocupada mirada filosófica sobre la vida.

Dentro de los mitos celtas, el Manzano representa la inmortalidad; probablemente debido a eso el rey Arturo todavía aguarda su regreso en Avalon, la isla de los manzanos.


Febrero: Abeto (fyrre)

El Misterio es la característica principal del abeto.

Los que nacen bajo su signo son individuos temperamentales, por no decir testarudos, que a simple vista pueden parecer ensimismados, incluso egoístas, pero que siempre se preocupan por los demás.

Buen gusto, confiabilidad, cierta sofisticación y una buena dosis de insatisfacción llevan a las personas nacidas bajo el signo del Abeto a tener una gran facilidad para entablar (y también perder) amistades.


Marzo: Avellano (coill)

Lo fantástico, lo extraordinario, e incluso cierta inclinación por la magia, son características típicas del Avellano.

Facilidad conceptual, personalidad encantadora, que sabe impresionar a los demás aún cuando ella misma no lo advierta. Puede ser caprichosa, temperamental, pero también honesta, tolerante, y abierta a las ideas de los demás. Agudo sentido de la justicia.

Para los celtas, el Avellano era sinónimo de sabiduría, lo cual, en aquel entonces, equivalía a convertirse en druida.


Abril: Olmo (lem)

La Nobleza es lo que caracteriza al Olmo.

Las personas bajo el signo del Olmo pueden parecer sumamente modestas, con pocas exigencias realmente, pero en el fondo poseen un carácter que no les permite olvidar fácilmente, tanto los errores propios como los ajenos.

Prefieren dar órdenes mucho más que obedecerlas, y se sienten cómodas en posiciones en donde su opinión sea respetada; a tal punto que no dudan en tomar decisiones por los demás, aunque siempre poniendo por delante los intereses comunes.


Mayo: Ciprés (ibar)

La Fidelidad es la características del Ciprés.

Fortaleza física y capacidad de adaptación. La persona nacida bajo el signo del Ciprés es moderadamente optimista y secretamente ambiciosa. Ansía, sobre todo, bienestar y reconocimiento. No se siente del todo cómoda con la soledad, aunque hace tremendos esfuerzos por sublimarla.

Para los celtas, el Ciprés determina una personalidad apasionada, fiel, incluso temeraria, pero también poco dócil, soberbia y de temperamento inestable, capaz de explotar por cuestiones de menor importancia.


Junio: Tejo (eburos)

Astucia, inteligencia, y una ligera tendencia a la malicia, son características del Tejo.

Para los celtas, el Tejo es el árbol de la muerte, lo cual no es necesariamente malo; de hecho, el concepto de mortalidad se relaciona directamente con lo eterno.

En general, las personas nacidas bajo el signo del tejo sentirán una gran facilidad por las tareas intelectuales, incluido el arte.

Tendencia a la apatía, al cinismo, y comportamientos que pueden ser vistos como antisociales. No se sienten del todo cómodos en compañía de muchas personas, pero se mueven con absoluto placer en soledad.


Julio: Fresno (nin)

Sagacidad.

El Fresno era visto como propulsor de un carácter más bien emocional y sobreprotector.

Es extremadamente calculador, sagaz, y no se lo engaña con facilidad. Disfruta, sobre todo, de sus aficiones personales. Tendencia al mal humor y cierto desorden en su vida diaria. Pueden cambiar de ánimo repentinamente y, en determinadas circunstancias, a mostrarse demasiado susceptibles.

El fracaso, en cualquiera de sus formas, es lo más difícil de procesar para los nacidos bajo el signo del Fresno. Rara vez tomarán en cuenta un consejo.


Agosto: Roble (aik)

Temperamento.

Los nacidos bajo el signo del Roble son firmes, testarudos, y sumamente perseverantes. Rara vez cambian de idea y mantienen sus convicciones más allá de lo enteramente razonable.

Esto les permite ser confiables, bondadosos y muy generosos. Disfrutan de sus logros y, aunque pueden llegar a ser ambiciosos, por lo general les gusta seguir su propia agenda.


Septiembre: Sauce (welig)

Empatía.

Personalidad un tanto melancólica, nostálgica, que resulta muy atractiva para los demás. Son soñadores, y no siempre es fácil para ellos vivir en comunidad, debido a la exigencia y la intuición que rige sobre el Sauce.

Por regla general, están marcados para sufrir por amor más de lo aconsejable.


Octubre: Nogal (hnutu)

Pasión.

De sentimientos tormentosos, implacables, la persona nacida bajo el signo del Nogal está llena de matices y contrastes. Es egoísta en cuestiones menores, pero sumamente noble en asuntos sociales. Puede ser más agresiva de lo que quisiera, reaccionando espontánea y enérgicamente cuando algo lo intimida.

Se cree que son personas estratégicas para la vida: apasionadas, celosas y muy poco flexibles a la hora de cambiar un punto de vista.


Noviembre: Abedul (beorc)

Inspiración.

Personalidad atractiva, elegante y amistosa. No es afín a los excesos de ninguna índole, y se muestra visiblemente en rechazo de lo vulgar. Puede llegar a vivir en perfecta armonía con la naturaleza, manejando tranquilamente sus pasiones.


Diciembre: Haya (bece)

Creatividad.

Al tanto de la importancia de las apariencias, un tanto materialista, y decididamente organizado en todo lo relacionado con su profesión, las personas nacidas bajo el signo del Haya son además excelentes líderes.

Rara vez toman riesgos innecesarios, y se muestran razonables para abordar cualquier tipo de cuestión social e intelectual. Los demás suelen encontrar refugio en ellos.




Mitos celtas. I Mitología comparada.


Más literatura gótica:
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Alphonse Daudet: cuentos destacados


Alphonse Daudet: cuentos destacados.




Alphonse Daudet (1840-1897) fue uno de los grandes maestros del relato francés de finales del siglo XIX. Sin el reconocimiento de otros autores, los cuentos de Alphonse Daudet, así también como sus novelas, se encuentran entre los mejores del período, y, desde luego, entre los baluartes del naturalismo.

En este segmento daremos cuenta de algunos cuentos destacados de Alphonse Daudet, un autor que vale la pena redescubrir.




Cuentos destacados de Alphonse Daudet:




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El Hombre Pálido de «El laberinto del fauno»: origen y significado


El Hombre Pálido de «El laberinto del fauno»: origen y significado.




En los créditos de la película de Guillermo del Toro: El laberinto del fauno, se lo menciona como el Hombre Pálido: una criatura espeluznante sentada a la cabeza de una larga mesa, sumido en una especie de letargo, hasta que la imprudencia de Ofelia, la protagonista, lo perturba.

Entonces, lentamente, la criatura se coloca un par de ojos en las palmas de las manos, y despierta.

Muchos de los que han visto El laberinto del fauno seguramente se habrán preguntado quién es este misterioso ser, el Hombre Pálido, que por lejos resulta el más interesante y aterrador de la película.

A continuación intentaremos rastrear la verdadera identidad del Hombre Pálido de El laberinto del fauno; en principio, analizando sus características, las raíces mitológicas que podrían explicar su origen, y finalmente sus rasgos físicos, tan singulares como escalofriantes.


El Hombre Pálido, en términos simbólicos, es en realidad una representación metafórica de del totalitarismo —en el contexto de la película, del gobierno y de la iglesia—, que literalmente se ocupa de devorar a la inocencia; en este caso, representada a través de las hadas e incluso de la propia Ofelia.

Esta detestable predilección del Hombre Pálido por la inocencia como plato principal es indicio de la influencia directa de Francisco de Goya, y más específicamente de su pintura: Saturno devorando a sus hijos.

Si miramos más de cerca, vemos que el Hombre Pálido de El laberinto del fauno tiene un verdadero banquete frente a él, con toda clase de manjares que, desde luego, no ha tocado, ya que prefiere la carne de los inocentes.

Su figura incluso se asemeja la de un hombre extremadamente obeso que ha perdido una gran cantidad de peso, con pliegues de piel flácida que cuelgan de sus brazos, cuello y abdomen, como si entre festín y festín hubiese pasado mucho tiempo.

En parte, decíamos, el Hombre Pálido es una representación de Saturno, que a su vez es la versión romana del dios griego Cronos.

La segunda prueba de Ofelia consiste en visitar los aposentos del Hombre Pálido. Curiosamente, el Fauno le advierte que no coma nada mientras esté allí; algo bastante curioso, ciertamente, si uno tiene en cuenta el escaso apetito que se tendría en presencia de una criatura semejante. No obstante, todo tiene una explicación.

Ofelia desobedece al Fauno, y come un par de uvas, lo cual nos lleva a pensar en el mito de Perséfone, que comió una semillas de granada en el Hades, y, a causa de esa indiscreción, debió permanecer una larga temporada en el infierno.

En torno al Hombre Pálido se escucha el llanto incansable de sus víctimas, e incluso vemos pilas de zapatitos apiladas por ahí. En las paredes hay frescos que muestran a la criatura devorando niños; pero lo que realmente confirma que se trata de una representación de Cronos, el dios del tiempo, es el reloj de arena, y el hecho de que la criatura —como el dios—, sea ciega.

Para evitar controversias estériles, Guillermo del Toro hace que el Hombre Pálido arranque de cuajo y mastique las cabezas de las hadas que tienen la mala fortuna de pasar cerca, casi del mismo modo en el que Saturno (Cronos) de Goya devora a su prole.

Ahora bien, Cronos es la básicamente la personificación del tiempo, pero también del status quo, y si bien sus acciones parecen ser el producto de una naturaleza grotesca, sumamente cruel y sin sentido, en realidad esconcen un temor universal: el miedo a perder el control.

El dios devoraba a sus hijos, a la inocencia, por temor a que estos lo destronaran en el futuro. En el contexto de El laberinto del fauno, ese temor representa las acciones inhumanas de un estado totalitario, fascista, que teme ser derrocado del poder.

El propio Sigmund Freud, y luego Carl Jung, se ocuparon de este tema universal, y lo sintetizaron en las inquietantes características del Complejo de Cronos: un proceso destructivo por el cual el padre se come, metafóricamente, la posibilidad de que sus hijos se conviertan en individuos autónomos, capaces de pensar por sí mismos y de tomar decisiones que acaso inviertan el orden de las cosas.

Esto se observa en todas las sociedades patriarcales: los padres desean que sus hijos sigan sus pasos, que perpetúen los mismos valores éticos y morales, lo cual, dentro del Complejo de Cronos, equivale a mantener el status quo, es decir, asegurarse de que nada cambie, que el curso de las cosas continúe siendo inalterable.

De más está decir que el fascismo, el verdadero monstruo de El laberinto del fauno, es la manifestación más extrema del sistema patriarcal.

Ahora bien, hasta aquí hemos analizado las características mitológicas del Hombre Pálido y, si se quiere, su trasfondo psicológico; sin embargo, su forma física, su aspecto desagradable, repulsivo, y la cualidad (o la desventaja) de tener que colocarse los ojos en las palmas de las manos para poder ver, tienen su origen tanto en la mitología como en la ficción.

El hecho de que el Hombre Pálido no cuente con ojos en la cabeza, pero que al mismo tiempo pueda utilizarlos en la palma de sus manos cuando la ocasión así lo requiera, inmediatamente nos recuerda el mito de las Grayas, aquellas tres odiosas hermanas de los mitos griegos, las cuales contaban con un solo ojo y un solo diente, los cuales compartían a regañadientes, y que fueron oportunamente derrotadas por Perseo.

Pero más allá de esto, el aspecto físico del Hombre Pálido, no su simbología, también encuentra un paralelo, acaso fortuito, acaso intencional, en el cuento de terror.

El Hombre Pálido se asemeja físicamente a una tenebrosa criatura de los Mitos de Cthulhu: Y'Golonac, llamado el corruptor, creada por Ramsey Campbell —miembro del Círculo de Lovecraft— en el relato de 1969: Edición Fría (Cold Print).

Si bien Y'Golonac es uno de los dioses Primigenios, como Cthulhu, Dagón o Nyarlathotep, lo cierto es que no se parece demasiado al resto del panteón de H.P. Lovecarft. Se trata de una criatura sádica, perversa, que solo busca devorar a sus presas, nunca convertirlas en devotos u adoradores.

Y'Golonac, pálido y repulsivo, mora en el vacío de la noche subterránea, rodeado por siniestras criaturas que, como él mismo, también son ciegas. En esa oscuridad impenetrable duerme al acecho, inmóvil, esperando que la presencia de algún incauto perturbe su descanso. No tiene ojos en la cabeza; sin embargo, posee una gran cantidad de ojos en las palmas de las manos, que, a su vez pueden ser sustituidos por infinitas bocas.

En este punto sería redundante aclarar la gran influencia que tuvieron los Mitos de Cthulhu y el Ciclo Onírico de H.P. Lovecraft —y también las historias de Lord Dunsany— en la producción cinematográfica de Guillermo del Toro.

En cualquier caso, los símbolos que representa el Hombre Pálido, y sobre todo el terror atávico, arquetípico, que se desprenden de su aspecto repugnante, parecen ser lo suficientemente elocuentes como para soslayar cualquier controversia al respecto.




Cine de terror. I Mitología.


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